viernes 27 de agosto de 2010

La mujer de los pezones carbonizados

Llegué una mañana de agosto a aquel hotel. Ella ya estaba allí, en su tumbona frente a la piscina principal. No se bien que fue lo que me hizo fijarme en aquella mujer de cincuenta y muchos -o quizás sesenta- que tomaba el sol con las tetas al aire. Quizás fue su postura; desparramada en la hamaca para que los rayos del sol alcanzasen cada rincón de su cuerpo maduro.

Lo que realmente me impactó ocurrió a las siete de la tarde de ese mismo día. Yo, como buen turista, me disponía a ir a cenar. Al pasar por la piscina la volví a ver en exactamente la misma postura de la mañana, agotando hasta el último rayo.

Los días siguientes me dediqué a observarla. A su alrededor había niños correteando, parejas peleándose, camareros con cocktails, una madre que gritaba “¡Jonnathan!” a su hijo que se ahogaba en la piscina; pero ella nunca se inmutaba. Ella, ajena a los demás turistas y a las pulseras de todo incluido, tomaba el sol. Cuando ya era de noche, todos los huéspedes íbamos en estampida a la cena buffet, y algunos incluso al posterior show. Pero ella nunca apareció. En tres días no desayunó, comió, ni cenó.

Ella no necesitaba alimentarse para vivir, únicamente necesitaba al sol. Era como una planta y su fotosíntesis. Se había cansado de la sociedad y había decidido renunciar a todo, menos al sol.

Algunos la miraban mal. Una pareja de unos cuarenta años con dos hijos estuvo en las tumbonas vecinas a la de ella. El padre y la madre no se hablaban, cualquiera diría que no se soportaban. Cuando abrían la boca era para gruñir. Lo único que les unía era el asco con el que la miraban. La veían ahí tumbada, en postura ilícita, con la piel tostada y envejecida, sin alguien a su lado que le pusiese crema, y con unos pezones que parecían carbón. Aquellos infelices ignoraban lo feliz que era.

El último día en el hotel subí a despedirme, pero ella no estaba. La busqué por todas partes, pero sólo encontré su hamaca con su toalla naranja y su botellita de bronceador. Unos días más tarde me llegó la noticia de que una turista había desaparecido en aquel hotel. Fue entonces cuando comprendí que se había evaporado.

martes 20 de abril de 2010

No tanto, pero sí mejor.

Vivimos en la sociedad de la abundancia. De manera inconsciente siempre pensamos que cuanto más, mejor.

Cada vez son más los restaurantes que te ofrecen la posibilidad de hacer tu plato más grande pagando "tan sólo" unos euros más. También los hay de buffet libre: pague 10 euros y coma tanto como pueda. Así es, llénese de mierda por solo diez euros. Sales del buffet con la sensación de no haber comido nada, o directamente sin haber comido nada. ¿Qué pasa con esos pequeños restaurantes de menú en los que sólo comes primero, segundo y postre, pero comes?

En el mundo del cortometraje pasa lo mismo. Es muy triste que el espectador mire el reloj mientras ve un corto, ya que si esto ocurre es porque lo que se ha contado en veinte minutos se podría haber contado en diez o incluso menos. Esa es una lección que tarde o temprano aprendemos todos los cortometrajistas: el saber renunciar y quedarnos sólo con lo imprescindible, eso sin lo cual la historia no funcionaría. Pero qué difícil es saber distinguir entre lo que sirve y lo que no, lo bueno y lo malo, el sí y el no. Es por eso que a veces guiones que parecían fantásticos no funcionan una vez rodados, y viceversa, guiones que parecían lentos y aburridos cuentan historias muy bellas.

En los cursos de cine para niños que he dado hasta el momento, a veces me encuentro con alumnos reacios a los cortometrajes. ¿Sólo vamos a rodar un corto? Jo, yo quería hacer una peli.; de manera automática asocian el largometraje con algo mejor qué el cortometraje. No cabe duda de que en noventa minutos se puede contar mucho más que en diez o veinte, pero muchas veces nos encontramos con cortos que en pocos minutos cuentan mucho, y con largos que en hora y media no cuentan nada.

Recuerdo cuando en segundo de bachillerato suspendía los exámenes de latín, y tras yo alegar que había estudiado muchísimo, mi maravillosa profesora Ángeles de la Concha me decía: no se trata de estudiar tanto, sino de estudiar mejor. Lo mismo se aplica en las relaciones humanas. Hay gente con muchos amigos, pero ninguno de verdad. También la hay que sale todas las noches, pero no se divierte. Y cuando se tiene pareja, nos hartamos a decir te quiero, te amo y te adoro. Después, cuándo un día se acaba todo, ya no queda nada de lo que se dijo. Esto pasa porque no se trata de amar tanto, sino de amar mejor.

martes 12 de enero de 2010

Concha y Magdalena

Cinco horas estuve sentado ayer en el aeropuerto de Tenerife Norte. Cinco horas por el retraso de mi vuelo a Madrid. Cada hora se oía por megafonía el mismo mensaje: “El vuelo Spanair 5053 con destino a Madrid se encuentra retrasado por condiciones climatológicas adversas en el aeropuerto de destino, en los próximos sesenta minutos les daremos nuevas noticias”. Y entonces llegó ella.

-Todo esto es por culpa de la Magdalena- dijo indignada aquella madrileña de sesenta y muchos.

Pensé que se refería a que el motivo del retraso del vuelo y de su sobrepeso eran el mismo, las magdalenas, pero acto seguido se aclaró.

-Todo esto es por culpa de la Magdalena Álvarez- esta segunda frase me la dijo mientras asentía lentamente y me miraba con resignación. Le recordé a la buena mujer que Magdalena ya no era ministra, pero ella insistía en que era la culpable.

-Y el Zapatero más culpable todavía- dijo muy irritada.

Sus ojos desorbitados y su dedo índice casi rozando mi nariz me asustaron. Después se calmó, me dijo que ella iba cada año a Canarias con el imserso y que le encantaba viajar sola y hacer amigos. Tras contarme su vida privada se levantó repentinamente dejando su bolso sobre el asiento.

-Vigílame el bolso joven- me dijo en forma de orden.

La doña se fue en busca de conversación (no le debí de parecer lo suficientemente entretenido). Desde mi asiento pude ver como aterrorizaba a un pobre bebé mientras intentaba hacerle reír, entablaba conversación con dos extranjeros o regañaba a un señor porque creía que aquella maleta que llevaba era demasiado grande para ser equipaje de mano. Cuando ya pensaba que se había olvidado de su bolso, volvió.

-Gracias joven. Me he comprado un bocadillo, ¿quieres la mitad?- Me sonrió por primera vez.

-No, muchas gracias- le contesté.

Le debió de sentar mal que rechazase su bocadillo de jamón, porque volvió a dar la tabarra.

-Esto sólo pasa en España. Cae un poco de nieve y se cancelan todos los vuelos. Es por culpa de Zapatero que no ha comprado las máquinas que hacen falta- dijo con la boca llena.

Le comenté que en Reino Unido y Alemania estaban en la misma situación que nosotros.

-¡Mentira! Esto sólo nos pasa a nosotros- esta vez casi se atraganta con el bocadillo.

Finalmente consiguió su objetivo: la gente que estaba a su alrededor la escuchaba como si aquello fuera un meeting político. Tras un grito de guerra aparecieron el resto de sus compañeros del imserso, que le daban la razón en todo lo que decía. La mujer se fue exaltando y cada vez decía cosas más incoherentes. Su minuto de gloria llegó cuando hasta la señora de la limpieza se unió al coloquio, y no por curiosidad, sino porque todos tenían tantas ganas de matar a Zapatero como ella.

Puedo entender que culpen a Zapatero del paro, de la subida de impuestos o por los presupuestos generales del estado, ¿pero que lo culpen porque nieve en el aeropuerto de Barajas? El corro de oyentes se disolvió y la mujer se volvió a sentar a mi lado.

-Bueno, me voy a dar un paseo. Concha, un placer- se despidió de mi triunfante.

Hace dos años la compañía aérea AirMadrid cerró sus puertas, dejando a miles de pasajeros sin volar. No se le devolvió el dinero a uno solo de los afectados (entre ellos yo). Estas navidades ha pasado lo mismo con Aircomet. La gente le exigía al Gobierno que les pagase un billete nuevo. Si seguimos así, dentro de poco exigiremos al Gobierno que nos pague un psicólogo debido a nuestros problemas sentimentales o que nos reponga lo perdido en el casino.

Afortunadamente, aún quedan cosas que no les incumben a los políticos, y la meteorología es una de ellas.

lunes 27 de julio de 2009

Sin noticias de puercos

Era 30 de abril y me encontraba en el aeropuerto de Barajas. La gripe A (entonces llamada gripe porcina) era portada en todos los periódicos; cundía el pánico. Ante el panorama en el que me encontraba decidí sacar el portatil y hacer una crónica al estilo de Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza.


06:25 Llego a la terminal 2 de Barajas, voy a volar a Tenerife.


06:43 Me encuentro rodeado de gente con mascarilla. A ellos les preocupa morir con la gripe porcina; a mí que el corto no salga bien.


06:57 Se me ha acercado una señora para preguntarme una duda sobre su billete, he estado a punto de llamarle doctora. No sé bien si estoy en un hospital o en un aeropuerto.


06:58 Estornudo. La gente me mira aterrorizada.


07:02 Decido sacar el ordenador para escribir lo que está sucediendo. Me resulta todo muy surrealista.


07:09 (esta es buena) Dos Guardia Civiles patrullan por el aeropuerto con mascarilla. Parecen Darth Vader.


07:13 Salida del vuelo Spanair JK5052 con destino Tenerife Norte, señores pasajeros embarquen por favor por la puerta E81.


08:02 Ya estoy en el aire. Pensaba escribir como fue mi atareado día de ayer en Madrid, pero lo haré al llegar. Ahora voy a dormir.

Es increíble como los medios de comunicación son capaces de hacer con nosotros lo que les de la gana. Hace dos meses parecía que íbamos a morir todos, ahora ya se nos ha pasado el miedo y nos preocupa más las rebajas de El Corte Inglés con Carlos Baute que la gripe.

Si están cansados de que nos manipulen les recomiendo que vean el documental Capturing the Friedmans.


martes 21 de julio de 2009

Al fin en casa

Como ya advertía en mi primera entrada, soy vago (joder). He estado poco más de un mes sin actualizar el blog, pero creo que tengo excusa. A finales de junio fue mi precipitada y acelerada mudanza de Barcelona (ni se imaginan la cantidad de cosas que he sido capaz de acumular en unos cuantos meses, creo que tengo el síndrome de diógenes) ya que el lunes 29 comenzaba en Madrid un curso de interpretación. En Madrid dedicaba mis días a ir al curso por las mañanas y a montar Cama Blanca con Carlos Agulló por las tardes. Acabamos el premontaje de Cama Blanca el día 5, pero el 6 empecé por la tarde un curso de producción con Koldo Zuazua. A todo esto hay que añadir el estrés de saber que al corto aun le falta el etalonaje, la postpro de sonido, los créditos y la banda sonora. El 14, cansado del asfixiante calor madrileño y con muchas ganas de ir a casa, volé a Tenerife.
El hecho de hacer una película siempre ha sido percibido como un esfuerzo sobrehumano. Y en cierto modo lo es. Cuando veo una película mala, no puedo evitar pensar en toda la gente del equipo, trabajando tantas horas y no puedo dejar de pensar en la cantidad de esfuerzo que hay detrás. El 22 de junio, tras un esfuerzo titánico acabamos de rodar Cama Blanca. La producción de un corto siempre es una odisea, pero en el caso de Cama Blanca la odisea ha sido aun mayor.
Es cierto que hacer cine ha sido siempre un proceso largo, pesado y costoso. Pero hoy en día también existe otra forma de hacer cine mucho más rápida y barata. Que quede claro que una forma no quita a la otra. Tenemos en nuestras manos la tecnología para poder contar historias cercanas de una forma muy cotidiana. Actualmente cualquiera puede hacer una película. No me refiero a rodar la trilogía de El señor de los anillos. Estoy hablando de contar una historia sencilla que no requiera un gran presupuesto. Tal y como defiende nuestro festival, el Festival Internacional de Cine de Tenerife Coste Cero, se puede hacer muy buen cine con muy pocos medios.

domingo 14 de junio de 2009

El síndrome del éxito castigado

Hace tres años Diego Galán escribía un artículo en El País sobre el síndrome del éxito castigado. Estábamos en el mes de marzo a unos pocos días del estreno en España de Volver y ya, antes de que la gente tuviese tan siquiera la oportunidad de ir a verla al cine, se empezaban a oír las primeras críticas.
“Si usted piensa verla, hágalo antes de que le cuenten nada, niéguese especialmente a que le expliquen su secreto, vaya al cine antes de que unos le digan que si y otros lo contrario” nos advertía Galán aquel 10 de marzo.
Siempre que una película triunfa, comienzan a lloverle palos, y contra esto parece que no hay remedio. Además, si encima la película tiene un éxito merecido, el castigo será mayor. Es lo que Galán denomina muy acertadamente síndrome del éxito castigado.
¿Se imaginan ver una película sin saber absolutamente nada de ella? Ir al cine y que en los carteles de las películas únicamente viésemos el título en letras blancas sobre fondo negro, ni siquiera el nombre del director, el productor o de los actores. Tampoco aparecerían las típicas críticas: “Absolutamente maravillosa. Fotogramas”. Una vez dentro de la sala comenzaría la película sin títulos de crédito iniciales (los dejamos todos para el final). Solo veríamos el título de la película en sobreimpresión.
-Mira, sale Penélope Cruz... ¡Y Lola Dueñas! Seguro que es de Almodóvar- diría uno.
-¿Y si es de Agustín Díaz Yanes?- le respondería el de al lado.
Evidentemente, cualquiera que haya visto un par de películas de Almodóvar, al ver el comienzo de Volver con Lola Dueñas y Penélope Cruz limpiando unos nichos a la vez que suena la canción “Las Espigadoras”, es capaz de ver el sello del director manchego. Sin embargo, esos que se dedican a castigar el éxito de las películas sin tan siquiera haberlas visto, dudo mucho que fueran capaces de identificar al director sin las letras grandes y rojas de “Un film de Almodóvar”.
De esta manera ir al cine sería como una tómbola, no sabríamos si ir a ver Volver o no ya que podría ser una americanada de acción. Claro que este sistema fantasioso que me acabo de inventar no evitaría el síndrome del éxito castigado, ya que al día siguiente del estreno la prensa y el boca a boca destrozarían la incógnita y diseccionarían la película.
No hay nada como ir a ver una película sin saber más que lo justo. Las primeras veces son únicas y la primera vez con una buena película más aun, a no ser que alguien nos la haya destrozado antes. Si, cuando digo alguien también incluyo al Señor Carlos Boyero.



viernes 12 de junio de 2009

La adrenalina del oficio

“Hoy es un día de esos en que mandaría todo a hacer puñetas, incluso firmaría con placer el acta de mi rendición...” así comienza la canción Imán de mujer (que no y mande, mujer) de Luis Eduardo Aute, pero además yo me lo aplico a mi día de hoy. Hoy me identifico con Pepa, el personaje de Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios.
El pasado 22 y 23 de mayo rodamos Cama Blanca, un cortometraje protagonizado por Fernando Tejero y Paola Bontempi y dirigido por mí. Teníamos un plan de rodaje muy ajustado, tanto que no nos dio tiempo a rodar todo el corto en el plazo de tiempo que habíamos previsto. Evidentemente el corto no se iba a quedar inacabado, por lo que nos pusimos a buscar una nueva fecha en la que poder rodar los pocos planos que faltaron. Comprenderéis que poner de acuerdo a más de veinte personas es bastante difícil, más aún cuando algunas de ellas son actores de la talla de Fernando. Pues bien, parecía que tras mucho batallar lo habíamos conseguido e íbamos a rodar el jueves 18.
Esta mañana me desperté a las 7:30am ya que tenía examen de tecnología. A las 9 ya estaba en el tren camino a Terrassa (una ciudad que solía ser industrial, hoy se limita a ser esa ciudad dormitorio tan fea en donde está la ESCAC) cuando de pronto suena el teléfono: Fernando tiene un compromiso fijado desde hace tiempo para la fecha en la que habíamos programado el rodaje y estará fuera de Madrid. ¿Terminaremos el corto? Definitivamente hoy es un día de esos en que mandaría todo a hacer puñetas, pero voy a dejar de quejarme; como bien me decía el otro día mi amigo Mischa, esta es la adrenalina que nos mueve a los que amamos este oficio.




jueves 11 de junio de 2009

Mujeres en el parque

Ayer vi por segunda vez (la primera vez fue cuando se estrenó) Mujeres en el parque de Felipe Vega. Cuando la vi me gustó muchísimo, pero ayer fue más que eso, me impactó y emocionó. Cuando acabó la película pensé: quiero hacer cine como ese.
Me encanta cuando una película que respeta al espectador al cien por cien me gusta, creo que conseguir satisfacer al público sin manipularlo es mucho más difícil. Mujeres en el parque rebosa humanidad, es una película que habla de la vida cotidiana. Sí, esa vida corriente y vulgar tiene mucho más misterio de lo que parece. Uno de los motivos por los que al ver la película no dejas de prestar atención ni un segundo es porque no puedes evitar sentirte identificado. Con películas como esta piensas que lo que te pasa a ti puede ser importante y puede estar dentro de un guión. ¡Eso es magnífico!
Hay grandes obras maestras del cine de Clint Eastwood por ejemplo que emocionan al espectador desde el minuto uno hasta los créditos finales. No obstante, Eastwood manipula al espectador como si fuese un títere; si decíamos que en Mujeres en el parque se respeta al espectador al 100%, Gran Torino no lo respeta ni en un 20%.
Últimamente me encuentro en una etapa en la que lo que más me llena son esas grandes películas que cuentan "pequeñas historias". ¡Pero que injusto denominarlas pequeñas historias! Aquí es donde entraría la máxima de Mies Van Der Rohe “menos es más”.
Mujeres en el parque cuenta la historia de Daniel y Ana, una pareja de aproximadamente 45 años que tras más de veinte años juntos atraviesa una crisis: Daniel ha decidido irse a vivir solo y quiere el divorcio y Ana se resiste a aceptar su situación. En medio se encuentran Mónica y Clara. Mónica es la hija de ambos, acaba de terminar periodismo y busca trabajo desesperadamente. Clara es un viejo amor de Daniel que ha vuelto a vivir a Madrid. Estos cuatro personajes son los ingredientes fundamentales de la película.
En una entrevista Felipe Vega dice: "cuando escribí el guión junto a Manuel Hidalgo, antes de pensar en una historia, perseguir un argumento o encontrar una trama, íbamos en busca de los personajes". Los personajes de Mujeres en el parque son reales ante nuestros ojos, al acabar la película tienes la sensación de que realmente los conoces.
Tras ver películas como esta me entran unas ganas inmensas de contar historias. Voy a aprovechar y ponerme a escribir, a ver si sale algo.







Hoy empieza todo

No creo que sea un buen blogger de esos que escriben a menudo, contestan a los posts y entran a diario para ver quien se ha atrevido a dejar su huella en la sección de comentarios. Pero lo intentaré.
Sinceramente no me creo escritor ni tengo vocación de ello, escribo sólo cuando me apetece. Y últimamente llevo un tiempo en el que me apetece escribir. Cada vez son más y más los amigos que tienen un blog, así que he pensado que porque no abrir yo uno.
La verdad es que soy vago, joder. Sólo hago las cosas cuando realmente me apetecen, entonces si que puedo ser muy inquieto. Espero que escribir en el blog me enganche y así descubra algo nuevo que me motive y apetezca en mí día a día.