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Hace tres años Diego Galán escribía un artículo en El País sobre el síndrome del éxito castigado. Estábamos en el mes de marzo a unos pocos días del estreno en España de Volver y ya, antes de que la gente tuviese tan siquiera la oportunidad de ir a verla al cine, se empezaban a oír las primeras críticas.
“Si usted piensa verla, hágalo antes de que le cuenten nada, niéguese especialmente a que le expliquen su secreto, vaya al cine antes de que unos le digan que si y otros lo contrario” nos advertía Galán aquel 10 de marzo.
Siempre que una película triunfa, comienzan a lloverle palos, y contra esto parece que no hay remedio. Además, si encima la película tiene un éxito merecido, el castigo será mayor. Es lo que Galán denomina muy acertadamente síndrome del éxito castigado.
¿Se imaginan ver una película sin saber absolutamente nada de ella? Ir al cine y que en los carteles de las películas únicamente viésemos el título en letras blancas sobre fondo negro, ni siquiera el nombre del director, el productor o de los actores. Tampoco aparecerían las típicas críticas: “Absolutamente maravillosa. Fotogramas”. Una vez dentro de la sala comenzaría la película sin títulos de crédito iniciales (los dejamos todos para el final). Solo veríamos el título de la película en sobreimpresión.
-Mira, sale Penélope Cruz... ¡Y Lola Dueñas! Seguro que es de Almodóvar- diría uno.
-¿Y si es de Agustín Díaz Yanes?- le respondería el de al lado.
Evidentemente, cualquiera que haya visto un par de películas de Almodóvar, al ver el comienzo de Volver con Lola Dueñas y Penélope Cruz limpiando unos nichos a la vez que suena la canción “Las Espigadoras”, es capaz de ver el sello del director manchego. Sin embargo, esos que se dedican a castigar el éxito de las películas sin tan siquiera haberlas visto, dudo mucho que fueran capaces de identificar al director sin las letras grandes y rojas de “Un film de Almodóvar”.
De esta manera ir al cine sería como una tómbola, no sabríamos si ir a ver Volver o no ya que podría ser una americanada de acción. Claro que este sistema fantasioso que me acabo de inventar no evitaría el síndrome del éxito castigado, ya que al día siguiente del estreno la prensa y el boca a boca destrozarían la incógnita y diseccionarían la película.
No hay nada como ir a ver una película sin saber más que lo justo. Las primeras veces son únicas y la primera vez con una buena película más aun, a no ser que alguien nos la haya destrozado antes. Si, cuando digo alguien también incluyo al Señor Carlos Boyero.

“Hoy es un día de esos en que mandaría todo a hacer puñetas, incluso firmaría con placer el acta de mi rendición...” así comienza la canción Imán de mujer (que no y mande, mujer) de Luis Eduardo Aute, pero además yo me lo aplico a mi día de hoy. Hoy me identifico con Pepa, el personaje de Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios.
El pasado 22 y 23 de mayo rodamos Cama Blanca, un cortometraje protagonizado por Fernando Tejero y Paola Bontempi y dirigido por mí. Teníamos un plan de rodaje muy ajustado, tanto que no nos dio tiempo a rodar todo el corto en el plazo de tiempo que habíamos previsto. Evidentemente el corto no se iba a quedar inacabado, por lo que nos pusimos a buscar una nueva fecha en la que poder rodar los pocos planos que faltaron. Comprenderéis que poner de acuerdo a más de veinte personas es bastante difícil, más aún cuando algunas de ellas son actores de la talla de Fernando. Pues bien, parecía que tras mucho batallar lo habíamos conseguido e íbamos a rodar el jueves 18.
Esta mañana me desperté a las 7:30am ya que tenía examen de tecnología. A las 9 ya estaba en el tren camino a Terrassa (una ciudad que solía ser industrial, hoy se limita a ser esa ciudad dormitorio tan fea en donde está la ESCAC) cuando de pronto suena el teléfono: Fernando tiene un compromiso fijado desde hace tiempo para la fecha en la que habíamos programado el rodaje y estará fuera de Madrid. ¿Terminaremos el corto? Definitivamente hoy es un día de esos en que mandaría todo a hacer puñetas, pero voy a dejar de quejarme; como bien me decía el otro día mi amigo Mischa, esta es la adrenalina que nos mueve a los que amamos este oficio.
Ayer vi por segunda vez (la primera vez fue cuando se estrenó) Mujeres en el parque de Felipe Vega. Cuando la vi me gustó muchísimo, pero ayer fue más que eso, me impactó y emocionó. Cuando acabó la película pensé: quiero hacer cine como ese.
Me encanta cuando una película que respeta al espectador al cien por cien me gusta, creo que conseguir satisfacer al público sin manipularlo es mucho más difícil. Mujeres en el parque rebosa humanidad, es una película que habla de la vida cotidiana. Sí, esa vida corriente y vulgar tiene mucho más misterio de lo que parece. Uno de los motivos por los que al ver la película no dejas de prestar atención ni un segundo es porque no puedes evitar sentirte identificado. Con películas como esta piensas que lo que te pasa a ti puede ser importante y puede estar dentro de un guión. ¡Eso es magnífico!
Hay grandes obras maestras del cine de Clint Eastwood por ejemplo que emocionan al espectador desde el minuto uno hasta los créditos finales. No obstante, Eastwood manipula al espectador como si fuese un títere; si decíamos que en Mujeres en el parque se respeta al espectador al 100%, Gran Torino no lo respeta ni en un 20%.
Últimamente me encuentro en una etapa en la que lo que más me llena son esas grandes películas que cuentan "pequeñas historias". ¡Pero que injusto denominarlas pequeñas historias! Aquí es donde entraría la máxima de Mies Van Der Rohe “menos es más”.
Mujeres en el parque cuenta la historia de Daniel y Ana, una pareja de aproximadamente 45 años que tras más de veinte años juntos atraviesa una crisis: Daniel ha decidido irse a vivir solo y quiere el divorcio y Ana se resiste a aceptar su situación. En medio se encuentran Mónica y Clara. Mónica es la hija de ambos, acaba de terminar periodismo y busca trabajo desesperadamente. Clara es un viejo amor de Daniel que ha vuelto a vivir a Madrid. Estos cuatro personajes son los ingredientes fundamentales de la película.
En una entrevista Felipe Vega dice: "cuando escribí el guión junto a Manuel Hidalgo, antes de pensar en una historia, perseguir un argumento o encontrar una trama, íbamos en busca de los personajes". Los personajes de Mujeres en el parque son reales ante nuestros ojos, al acabar la película tienes la sensación de que realmente los conoces.
Tras ver películas como esta me entran unas ganas inmensas de contar historias. Voy a aprovechar y ponerme a escribir, a ver si sale algo. 

No creo que sea un buen blogger de esos que escriben a menudo, contestan a los posts y entran a diario para ver quien se ha atrevido a dejar su huella en la sección de comentarios. Pero lo intentaré.Sinceramente no me creo escritor ni tengo vocación de ello, escribo sólo cuando me apetece. Y últimamente llevo un tiempo en el que me apetece escribir. Cada vez son más y más los amigos que tienen un blog, así que he pensado que porque no abrir yo uno.
La verdad es que soy vago, joder. Sólo hago las cosas cuando realmente me apetecen, entonces si que puedo ser muy inquieto. Espero que escribir en el blog me enganche y así descubra algo nuevo que me motive y apetezca en mí día a día.